Adolescentes Efervescentes Llamando a Adultos Conscientes

La Efervescencia

Los adolescentes, de manera inesperada y sin saber muy bien cómo, explotan. A veces es una explosión hacia afuera en forma de gritos, salidas de tono, portazos… otras veces, es hacia dentro, con silencios muy largos, ausencias, miradas perdidas, falta total de comunicación. En ambos casos, los adultos podemos hacer mucho.

Emociones

Trabajar como terapeuta emocional me ha ayudado a entender muchas cosas. Porque precisamente son las emociones las que van a arrastrarnos en esta época. Por eso, es importante que estemos preparados.
La convivencia siempre es difícil, y con un adolescente, más.

Comunicación = Confianza

Muy unidas a las emociones están la comunicación y la confianza. Y es importante trabajarlas desde siempre, desde que nuestros hijos son pequeños. Si hemos conseguido una buena comunicación y un buen nivel de confianza con los niños, luego será más fácil cuando sean adolescentes.
Sin embargo, en cualquier caso, estamos a tiempo. No hay nada definitivo ni nada que no se pueda arreglar.
Lo primero, no debemos sentirnos culpables, cuando las cosas empiezan a tambalearse, cuando pierdo el control sobre lo que hay en la cabeza de mi hijo suelo pensar: algo he hecho mal, mi hijo no me escucha, no me hace caso, etc. Tampoco debemos culparles a ellos, porque es muy común también reaccionar con frases como: es que no hay quien lo entienda, es que está inaguantable…
Aquí lo importante es que el adolescente tenga a su lado a un adulto consciente. Y ¿qué es eso?.

¿Qué es un adulto consciente?

Si quiero participar en la vida emocional de mi hijo, de mi alumno, primero tengo que entrar en mi propio mundo emocional.
Nadie nos ha enseñado a manejar nuestras emociones. Nadie nos ha explicado qué hacer con las inseguridades, las vulnerabilidades, los sentimientos contradictorios.
Hoy en día la vida que llevamos, la educación que hemos recibido, la sociedad, el mundo nos invita a mirar solo hacia el exterior. Nos educan para vivir en un mundo competitivo, para conseguir buenos trabajos y buenos sueldos, para consumir. Nos han educado mirando hacia fuera, el qué dirán, la buena fama, el buen aspecto, la casa, el coche, las buenas notas, la universidad, etc. Y creo que ya a estas alturas de la vida, ya hemos descubierto que eso no da la felicidad. Tapamos nuestro mundo interior y mostramos una careta, un personaje.

Observar

Para acercarme a la consciencia es muy importante mirar hacia adentro. Dejar de culpar a los demás de mi sufrimiento y empezar a responsabilizarme de mí mismo.

Y para conseguir eso debo convertirme con un observador de mí mismo. Debo conocer mis emociones.

Reaccionamos o respondemos

Si no lo hago, me dejaré llevar por la primera reacción, que es una reacción automática creada por mi ego para sobrevivir en momentos de crisis.
Si me dejo llevar por mi primera reacción ante cualquier estímulo, es muy posible que mi parte menos consciente se haga con los mandos de mi persona.
Mi primera reacción cuando mi hijo desobedece es, probablemente, castigarle, mi primera reacción si me grita es enfadarme, y así, lo único que consigo es una espiral de violencia que no lleva a ninguna parte.
Lo primero que debemos saber: la comunicación es lo primero que se resiente.

Comunicación desde la separación

Ellos ahora necesitan separarse de los padres. Están en un momento de muchos cambios y necesitan espacio y tiempo para acostumbrarse a su nueva situación, como dice mi hija, para procesar su existencia.
Están cambiando físicamente, no les gustan las mismas cosas, no se sienten seguros, se sienten observados, juzgados, y están tremendamente sensibles.
Así que lo que hacen es alejarse de nosotros, necesitan ser ellos mismos. Para dejar de ser una prolongación de sus padres. Es algo natural, es cortar el cordón umbilical. Por eso de pronto nada de lo que digamos está bien, todo lo discuten y todo lo convierten en un motivo de discordia.
Aunque nos parece a primera vista que eso no tiene ningún sentido, lo tiene, y mucho. Es una etapa en la maduración de la persona. Empieza a dejar su faceta infantil y aún no sabe cuál es su faceta adulta. Está en una tierra de nadie entre dos estados claramente definidos.
No quiere ser niño y no sabe ni quiere ser adulto. Debemos respetar sus momentos de aislamiento.

Escalada de violencia

En estos momentos es muy fácil que se produzcan escaladas de violencia, y ocurrirán seguro. El adolescente necesita explotar de vez en cuando, diferenciarse de nosotros, alejarse, y canalizar tantísima energía que tiene dentro.
El ejemplo es: estamos cenando tranquilamente, alguien comenta algo completamente inocente y nuestro adolescente salta.
Le decimos, bueno no te pongas así
No me estoy poniendo de ninguna manera
Estás gritando
No estoy gritando, tú estás gritando
No me digas lo que tengo que hacer, etc. Y normalmente acaba con el adolescente huyendo a su cuarto y dando un portazo.
¿Por qué ocurre esto?
Esto ocurre porque los adolescentes en plena efervescencia tienen muy poca cuerda. Tienen una enorme vida interior, muchas dudas, mucha energía contenida porque no la saben canalizar. No saben discutir, así que salta la efervescencia, se pone nervioso, no sabe explicarse, siente que no se le escucha, que no se le tiene en cuenta, está harto de que los padres siempre tengan que tener la razón y se rebelan, desafían a los adultos.

¿Qué hacer?

Cuando esto empieza, ya vemos cómo va a terminar. Así que lo que hacemos es PARAR.
Paramos la escalada de violencia con un silencio. Decimos algo como: necesito pensar sobre esto, por favor vete a tu cuarto, o dame unos minutos.
En esos minutos respiro y pienso: ¿Cómo me siento?
¿Por qué he saltado yo también? ¿Qué ha dicho que me ha molestado tanto?
¿Ha sido el tono? ¿Tengo miedo de que no me respete, de que no me escuche?
Es muy posible que el adolescente haya dado en alguna tecla sensible mía. Si no, yo no hubiera reaccionado con violencia.
Analizo, ¿Qué herida puedo tener yo para que esta situación me haya alterado?
Igual aquí aparece mi padre poco comprensivo, o mi madre ignorándome cuando yo era pequeño, o pegándome. Igual siento una necesidad de defenderme, de tener la razón, de ser respetado. Igual tengo heridas que han salido automáticamente con la bronca.
Tengamos en cuenta que todos tenemos la mochila emocional cargada de heridas emocionales del pasado.
Para comunicarme con los demás, debo analizar cómo me comunico conmigo mismo y pararme un momento a recordar cómo se comunicaban mis padres conmigo cuando yo era pequeño, o cuando yo era adolescente.

Acercamiento sin reproches

Una vez hecho este ejercicio me acerco a la habitación de mi hijo. Ya ha pasado la efervescencia y es muy posible que se sienta muy solo.
Me acerco y le digo simplemente cómo me siento yo. Ahora no es momento de reproches.
Le digo, cuando hemos empezado a discutir, me he sentido de esta manera. Me he puesto nerviosa por tal o tal.
Hablo en primera persona, sobre mis propias emociones.
De esta manera mi hijo va a recibir estos mensajes:

• No tengo nada contra ti
• Soy vulnerable, tengo sentimientos y no me importa compartirlos
• Tengo heridas, lo paso mal algunas veces, tengo temas no resueltos
• No me importa reconocerlo
• Me ocupo de mis emociones.

Estos mensajes son música para los oídos sensibles y frágiles de nuestro adolescente.
Hemos desviado la atención de la causa de la bronca y nos hemos ocupado en cómo nos sentimos.
Hemos hablado desde el YO, no desde el TÚ. Sin reproches.
En lugar de enseñarle violencia le estaremos enseñando a comunicarse consigo mismo. Verá que si un adulto como su padre, al que tanto ha admirado siempre, puede hacer esas declaraciones, es que él también puede tener en cuenta sus propias emociones.
Es posible que no se sincere en ese momento, él todavía no es un adulto consciente, pero ten por seguro que eso le habrá enseñado una gran lección. Mucho más que un grito. Y que a la próxima igual no, pero igual en alguna ocasión él mismo se autorregule la reacción automática. Le habremos enseñado consciencia.

Más vale un buen silencio

Cuando me casé, un amigo de la familia me dijo algo que se me quedó grabado, y que sirve igual para la relación de pareja que para la relación con los hijos: Más vale un buen silencio que un mal grito.

Cuando hay que hablar

Cuando queremos hablar con ellos sobre algo importante.

Elegir el momento: 80 – 20

Es importante tener normalmente comunicación sobre temas poco o nada trascendentales. Hablar sobre música, sobre moda, lo que sea… en un 80%
Dejar el 20% para los temas serios. Importante: no todo lo que sea comunicación con ellos sea sobre temas serios.
Muy importante: no elegir el momento del sermón justo cuando nos han dicho que van a salir o justo después de una bronca.
Si tenemos una preocupación, queremos limitar el uso de pantallas, advertir sobre los peligros de las drogas etc. Tenemos que tener una conversación.
Si queremos que esa información llegue a su mente debemos evitar un error muy común.
El error es soltarles un sermón de media hora.
Es posible que a los dos minutos el chico haya desconectado y esté pensando en sus cosas
Está deseando que termines para levantarse e irse sin un solo bit de información sobre lo que acabas de contarle.
También puede ponerse a la defensiva e interrumpir, diciendo “que ya lo sé”… como si se lo hubieras explicado mil veces, etc, hay mucha variedad.
El caso es que el sermón no es la manera.
Debe ser un mensaje corto. Pura información, lo más breve posible.
Y enseguida pasar a otro tema más liviano, para que vea que no vamos a seguir con el sermón.
La información entra mejor en pequeñas píldoras.

Pequeñas alegrías

Reforzar la comunicación y tener en cuenta la comunicación positiva.

Igual que les damos pequeñas píldoras de información sobre seguridad, drogas, pantallas, notas, etc. También les daremos pequeñas píldoras sobre cosas que hacen bien, les daremos pequeñas alegrías. No hace falta que sea algo grande. Solo es el detalle, de que nos hemos dado cuenta de lo bien que ha hecho algo, o simplemente, le traemos un capricho de la compra, sin que se lo haya ganado. Porque sí. Eso refuerza muchísimo. Ahí recibe el mensaje: tú vales la pena. Tú eres importante.
Si ha sacado dos notables y un suspenso no vamos a hablar solo del suspenso. Vamos a hablar de los notables, vamos a dedicarles mucha atención a esos notables, a ponernos súper contentos, orgullosos y felices.
Al suspenso le vamos a dar poca importancia. Lo importante es que estés bien. Si no te gusta la asignatura, igual puedo ayudarte. A mí me suspendían mates, o lengua, o lo que sea.
Y en vez de echar la bronca, ofrecemos ayuda.
Sin reproches.
Todo esto va sembrando. Al principio parece que no sirve, pero sí sirve, muchísimo.
Hay que sembrar, con paciencia, de manera consciente.

Pequeñas Alegrías

Igual que les damos pequeñas píldoras de información sobre seguridad, drogas, pantallas, notas, etc. También les daremos pequeñas píldoras sobre cosas que hacen bien, les daremos pequeñas alegrías. No hace falta que sea algo grande. Solo es el detalle, de que nos hemos dado cuenta de lo bien que ha hecho algo, o simplemente, le traemos un capricho de la compra, sin que se lo haya ganado. Porque sí. Eso refuerza muchísimo. Ahí recibe el mensaje: tú vales la pena. Tú eres importante.
Si ha sacado dos notables y un suspenso no vamos a hablar solo del suspenso. Vamos a hablar de los notables, vamos a dedicarles mucha atención a esos notables, a ponernos súper contentos, orgullosos y felices.
Al suspenso le vamos a dar poca importancia. Lo importante es que estés bien. Si no te gusta la asignatura, igual puedo ayudarte. A mí me suspendían mates, o lengua, o lo que sea.
Y en vez de echar la bronca, ofrecemos ayuda.
Sin reproches.
Todo esto va sembrando. Al principio parece que no sirve, pero sí sirve, muchísimo.
Hay que sembrar, con paciencia, de manera consciente.

Tipos de mensajes

Cuidado con los mensajes subliminales. Los adolescentes son expertos en detectar mensajes subliminales. Son muy sensibles.
Así que mucho cuidado con los mensajes que les damos. Si le dices cómo tiene que hacer las cosas, el mensaje que recibe es: no me fío de que tú lo vayas a hacer bien sin mis explicaciones.
Si les damos la solución a todas las posibles opciones el mensaje que recibe es: tú no sabes tomar decisiones.
Si nos adelantamos a todo lo que puede pasar el mensaje es: no confío en ti.
Mucho cuidado con los mensajes directos, que son aún peores, del tipo: eres un vago, eres un desastre, eres el desorden total, eres caótico, eres. Cuando decimos a mi hijo eres, desde pequeños, lo estamos definiendo. Y eso hace muchísimo daño, porque el niño se lo cree y su parte subconsciente va a ser fiel a lo que los padres le han dicho que es.
Es horrible ver la cantidad de padres que hablan a sus hijos así desde pequeños. Hace unos días, una niña en la playa estaba haciendo unas piruetas y volteretas con gran habilidad. Y yo le dije, me recuerdas a mi cuando era pequeña, también me encantaba dar volteretas y estaba todo el día haciendo ejercicios así. La madre me escuchó y dijo: sí, pero no se esfuerza mucho, su hermana se esfuerza mucho más con los estudios.
La niña inmediatamente, dejó de dar volteretas, se le entristeció la cara y se quedó silenciosa un buen rato jugando sola en la arena.
Pensé en que esa madre no quiere quitarle a su hija fuerza, autoestima y valor. Ella se cree que diciendo eso tan destructivo va a conseguir que la niña estudie más.
Y lo que ha conseguido es que se quiera menos.
Esos comentarios les quitan fuerza y desde luego no sirven en absoluto para que cambien su actitud ni su comportamiento. Esto está archi-demostrado.
Y nuestro objetivo es reforzar su confianza en sí mismo, ayudarle a ser autosuficiente desde un punto de vista emocional, reforzar su autoestima, darle herramientas para la vida.

La Confianza

Nos vamos a poner directamente en el rol del que confía en él.
Primero serán cosas pequeñas. Le vamos a pedir ayuda para tomar pequeñas decisiones, de la casa, de las vacaciones, si compramos tal mesa, si cambiamos la disposición de los muebles, si tenemos que decidir un sitio de vacaciones o hay que recortar gastos, le vamos a consultar.
Esto es: vamos a contar con su parte adulta. Eso es un refuerzo positivo enorme. Le estamos diciendo, confío en tu criterio. Le decimos, ayúdame a decidir, contar con su opinión y valorar su implicación.
Si se implica lo valoro. Si no se implica: silencio.
Damos mensajes de confianza, que pueden ser directos:
Lo que yo más deseo es confiar en ti, saber que vas a cuidarte. Saber que, si sales, vas a mirar antes de cruzar, que vas a tener cuidado. Mi objetivo es que no me necesites, que sepas cuidarte a ti mismo.
Y si no confiara en que sabes cuidarte, no te dejaría salir.
Si quiere salir a una fiesta con alcohol, por ejemplo y nos escandalizamos, nos echamos las manos a la cabeza y le prohibimos ir, el mensaje que le estoy dando es: no confío en ti.
A esa fiesta no va a ir, pero a la siguiente ocasión que tenga una fiesta con alcohol, irá y por supuesto, no te lo contará.
En este caso lo que creo que hay que hacer es hablar: Tú eres responsable, ya sabes que beber es muy malo para la salud y a tu edad puede tener consecuencias desastrosas. No damos por hecho que va a beber. Explicamos, si alguien de tu grupo va a beber, que lo haga con responsabilidad. Le das consejos, que coma algo antes, que mire la graduación de las bebidas. Le enseñas a beber. Los adolescentes de hoy beben a morro directamente de la botella de ginebra. Porque nadie les ha explicado que eso es una locura que puede hacerles daño al hígado, que un coma etílico a esta edad puede ser peligroso y dejar secuelas, etc. Es mejor que tenga información.

¿Yo confío?

Nos tenemos que preguntar si confiamos en ellos.
A lo mejor necesitamos tenerlo todo controlado.
Si tenemos miedo tenemos que preguntarnos, qué miedo tengo, por qué tengo tanto miedo. Eso se puede trabajar en consulta. Nuestros miedos y nuestros conflictos no resueltos pueden fácilmente pasar a nuestros hijos, por eso es tan importante trabajar lo nuestro.
Qué hacer cuando te cuentan algo que no te gusta.
No reaccionar. La no reacción la tenemos que poner en práctica.
Si reaccionamos mal, solo conseguiremos que dejen de contarnos las cosas.
Así, al menos tenemos información de su vida.

Casos concretos

Si se comporta de una forma que no nos gusta, o nos falta al respeto, o se comporta de manera claramente maleducada, intentamos no reaccionar. Sí responder. No es lo mismo reaccionar que responder. Reaccionar es automático y suele ser desde el miedo.
Responder es la manera consciente. Podemos decirle con mucha serenidad eso es un comentario fuera de lugar, o yo no te hablo así. O haz el favor de respetar a las personas que tienes delante.
Si te contesta y quiere pelea guardamos silencio. Es una forma de reforzar lo que ya hemos dicho. Le demostramos que no necesitamos insistir en ello.
Dejamos que la última palabra sea la suya.
Ya le hemos dado nuestra opinión, y lo creas o no, lo parezca o no, la recibe con mucha más claridad y eficacia si la decimos una sola vez que si nos enzarzamos a discutir.
Si nos cuenta algo o nos pide permiso para algo con lo que estamos totalmente en contra. Escuchamos sus argumentos hasta el final. Que se sienta escuchado.
A continuación, la reacción sería: de ninguna manera, no me gusta nada eso, etc.
La respuesta puede hacerse esperar, hay que pasarla por la consciencia. Podemos decir, necesito pensar en ello. Ya veremos.
A continuación, intento ver qué hay en mí que me hace temer, o negar, o que no me guste aquello que nos ha planteado el adolescente. Puede que sea un buen momento de analizar si mis opiniones son realmente mías o si quizá tengo prejuicios.
No digo que tengamos que aceptar. Solo digo que los planteamientos nuevos pueden hacernos pensar, pueden hacernos revisar. Si hemos reaccionado, es el miedo.
Eso seguro.
Así que, para tomar una decisión correcta, debemos primero acercarnos al asunto, y si nos da miedo, analizar qué hay detrás.
Todo se puede trabajar en terapia. Absolutamente todo.
Independientemente de lo que nos haya contado, aunque nos parezca fatal desde todos los puntos de vista, no descalificamos. Ni a él, ni a los que piensan como él, ni a sus opiniones.
Podemos decir: a mí no me gusta, o no me va, pienso de otra manera etc.
Pero no descalificamos. No sabemos si a lo mejor la persona que le gusta a nuestro hijo piensa así. Si está enamorado se alejará de nosotros. Ten por seguro que no te va a escoger a ti.
No sentenciamos: porque lo digo yo y punto. Eso vale cuando son pequeños y no podemos explicarles ciertas cosas. Pero ahora ya no vale. Tenemos que exponer nuestras razones, y tenemos que enseñarle a respetar a los que piensan diferente.
No gritamos: no tiene más razón el que más grita.
No competimos. Nadie tiene que quedar por encima. Esto no es una competición. Si necesito quedar por encima de mi hijo tengo que revisar mis complejos y mis inseguridades.
Solo quiere vestirse el que se siente desnudo, y en este tipo de discusiones, el que necesita desesperadamente quedar por encima es que siente que está por debajo o teme estar por debajo.
Esa es una manera de ser basada de nuevo en el miedo, y tenemos que trabajarla.
Como vemos. Muchos de los conflictos con nuestros seres queridos nos enseñan a mirarnos a nosotros mismos. Los conflictos destapan nuestras sombras. Podemos negarlas o podemos aceptarlas, trabajar en ellas y superarlas.
En los momentos de intensidad observamos desde fuera su efervescencia. Respiramos. Respirar nos conecta con nuestro ser consciente.
No nos contagiamos de su efervescencia. Tarde o temprano la pastilla se ha consumido y ya hay calma otra vez.
Nos recordamos que nuestra misión no es bajar su autoestima sino subirla.
Empoderarle.
Darle ejemplo de serenidad y de consciencia.
Enseñarle que no pasa nada por aceptar las emociones, los sentimientos.
Y todo esto nos acercará en vez de alejarnos.
Ellos también sufren, tienen momentos difíciles, ansiedades, complejos, inseguridades que no cuentan a nadie. Tienen mucha vida interior. No creamos que su apariencia de pasar de todo se corresponde con la realidad. Es solo un mecanismo de defensa.

Testimonios de adolescentes:

Cuando hablo con mis padres sobre mis problemas, sobre mi salud mental, los adultos suelen pensar que los adolescentes no tienen problemas, que su única preocupación debe ser estudiar.
Si el adolescente te dice que cree que tiene depresión, ansiedad, que lo pasa mal, etc. Tómatelo en serio, no hagas pequeños sus problemas, no les quites importancia, no hagas como si no importara.
Me gustaría que los adultos tuvieran la mente más abierta sobre algunas cosas, para que yo pueda abrirme y compartir con ellos mis cosas y que me puedan entender mejor.
Que me den más crédito. Que lo estoy haciendo lo mejor que puedo, estoy aprendiendo todos los días.
Que se preocupen no solo de que yo esté bien físicamente, sino también mentalmente y emocionalmente.
Que me pregunten cómo estoy y me presten su ayuda.
Debería importarles qué es lo que está pasando dentro de mi mente. Así quizás algún día no se sorprendan tanto si algo pasa.
No deberían convertir la disciplina en violencia verbal o física.
La relación entre los padres afecta mucho a los hijos, tanto si están juntos como si están separados.
No hablar mal del otro, no pelearse delante de los hijos. No tratarse sin respeto.

Mensajes que nunca, nunca hay que darles:

 • Así no vas a llegar a nada en la vida
• Si no haces lo que yo te diga te va a ir mal
• Eres un vago, un desordenado, un desastre
• Estoy harta de ti
• Mira tu hermano qué bien y tú qué mal

No hablar con otro adulto de él delante de él, como si no estuviera presente.

El objetivo es empoderar. Dar herramientas, dar información, estar de su lado.

Los mensajes que sí debemos darles:

• Las notas no lo son todo
• Lo importante para mí es que tú estés bien
• Te quiero incondicionalmente, pase lo que pase
• Si metes la pata, acude a mí, ya que yo te sacaré del problema mejor que nadie. La bronca no te la quita nadie, pero te sacaré del problema primero.
• No hay nada que tú puedas hacer par que yo deje de quererte
• Mira dentro de ti, tú sabes perfectamente lo que es bueno para ti
• Sé feliz, disfruta de la vida, y sé prudente, no te pongas en peligro

Si se siente querido, se querrá a sí mismo.

Si se siente comprendido, se comprenderá.

Si se siente perdonado, se perdonará.


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Las sesiones on-line son de lunes a viernes normalmente en horario de tarde.

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