Emociones: El Lenguaje De Nuestro Ser Interno
(Resumen de la charla)

Somos seres sintientes, pero nadie nos ha enseñado a gestionar nuestras emociones.

Al contrario de lo que solemos creer, tenemos un inmenso poder. Somos creadores de realidad. Tenemos una mente prodigiosa, pero desde pequeños nadie nos ha enseñado a gestionar nuestras emociones y, mucho menos, nos han enseñado a gobernar nuestra mente. Quizá al sistema no le interesa que descubramos lo poderosos que somos, porque si lo descubrimos ya no nos van a poder manipular.

¿Cómo funcionan las emociones?

Desde pequeños vivimos experiencias de las que vamos aprendiendo. Cuando esas experiencias son negativas, además de aprender, vamos guardando las emociones que hemos sentido y que no hemos sabido gestionar, en una gran mochila emocional. Y así, vamos llenando la mochila y acumulando esas heridas emocionales.

Una nueva experiencia nos conectará directamente con la emoción correspondiente y con la antigua emoción no gestionada de nuestra mochila emocional. Así, vamos conectando de manera automática con nuestras emociones antiguas, con nuestras heridas. Y así se van definiendo patrones, creencias, complejos, culpas…

Al final, nuestra vida emocional se reduce a sentir, a conectar con la mochila emocional y a reaccionar. No tenemos ningún control sobre ella.

¿Cómo funciona la mente?

La mente es algo prodigioso, capaz de hacer verdaderos milagros. Es una máquina perfecta. De hecho, los súper ordenadores que hoy existen se han desarrollado imitando el funcionamiento de la mente humana.

La mente no para de trabajar. Se diría que tiene vida propia.

Nosotros percibimos nuestro mundo mental y emocional como un caos. Pensamientos descontrolados y emociones descontroladas.

Y sin embargo el caos no es tal. La mente tiene perfectamente clasificados y ordenados los datos en nuestro subconsciente. Por eso es capaz de conectar tan rápido con nuestras sensaciones pasadas.

La mente no diferencia entre pasado y presente, por lo que, si yo pienso en un momento pasado, o recibo un estímulo parecido al que recibí entonces, inmediatamente mi mente se traslada a ese momento.

¿Cómo puedo gestionar mi interior? ¿Cómo gobernar mis emociones y mi mente?

Para gestionar mi mundo interno, para ser dueña de mi misma, lo que tengo que hacer es estar presente.

El mundo en el que vivimos, nuestra sociedad se esmera en mantenernos fuera de nosotros mismos, entretenidos en el exterior, sin prestar atención al interior: nos llevan a toda velocidad por una existencia de consumo, trabajo, estrés y estímulos constantes.

Todo esto es ruido.

También se encargan de mantenernos constantemente con miedo, porque saben que cuando tenemos miedo nos paralizamos. Cuando tenemos miedo nos volvemos manipulables.

¿Qué pasa en nuestra mente cuando hay ruido y hay miedo? Que no funciona correctamente.

Si queremos que la mente trabaje a mi favor tengo que bajar el ruido y el miedo.

Bajar el ruido se consigue saliendo de la rueda en la que nos tienen inmersos. Ruido es estar todo el rato mirando el móvil. Ruido es la televisión y las redes sociales. Ruido es todo lo que pasa fuera.

Si consigo bajar el ruido estaré más en el camino de gobernar mi mente.

Veamos qué pasa cuando tenemos miedo:

Se activa la amígdala, que es un órgano muy pequeño que tenemos en el cerebro, que reacciona inmediatamente en situaciones de peligro. Cuando eso ocurre, dejamos de recibir aporte sanguíneo en nuestra parte más racional del cerebro (Frontal) y nuestro cuerpo se activa para huir, o bien se paraliza.

La amígdala no distingue el peligro real del peligro imaginario. Me da igual que me persiga un león o que me lo imagine. La amígdala se activa igual.

Por ejemplo, ¿no te ha pasado que viene un olor que te recuerda a tu abuela, y te sientes transportada a tu infancia? Ese es un ejemplo de cómo nuestra mente no sabe distinguir la realidad de la ilusión.

Si me lo imagino, la mente se cree que es verdad.

Para desactivar la amígdala podemos hacer el proceso contrario. Si relajo mi cuerpo y controlo mi respiración, la amígdala recibirá el mensaje de que no hay peligro.

La respiración es el primer paso para estar presentes en nuestro interior.

La mente está ahí para protegernos. Así que, si la dejamos sola, sin nuestra presencia, va a buscar todos los inconvenientes del mundo. Va a centrarse en mis problemas, y si no los tengo, se va a imaginar lo que podría pasar. ¿Y si pasara esto? ¿Y si pasara lo otro?

Con este estrés la mente no tiene ni un momento para trabajar a mi favor, está apagando fuegos.

Solo si estoy presente puedo dar instrucciones a mi mente. Si dejamos que la mente se haga con el control serán nuestros miedos y nuestros traumas los que tomen las decisiones.

Cuando yo estoy preocupado por lo que pasa fuera, estoy ausente dentro.

Cuando yo estoy todo el rato pensando en lo que pasó ayer o en lo que pasará mañana, estoy ausente.

Si estoy presente, yo tomo las decisiones, yo tomo las riendas, yo decido.

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